Hay momentos en la vida en los que es necesario parar por un
momento, pensar y llorar si la situación lo requiere.
Hay momentos en los que te enfrentas incluso a medir tus
sentimientos. Y lo cierto es que yo los medí hace tres años, los medí hace dos,
hace uno, hace escasos meses, y hoy vuelvo a medirlos, y es tal el dolor que
siento al ver que ese peso no varía, que permanece intacto… Los bellos de punta
y los ojos llorosos solo de pensarlo, y una gran desilusión por ver el mísero
avance de este. Un corazón roto y a la vez fuerte, unos ojos deseosos de
preñarse de una mirada y una ilusión que lleva un nombre grabado.
Dicen que cuando te enamoras es para siempre y que solo el
amor se acaba cuando no fue real y sincero, cuando los besos simplemente fueron
la unión de dos labios deseosos de un empuje… Solo sé que nunca debí creer ese
amor eterno que me susurraron tantas veces al oído, que nunca debí haber
derramado ni una sola lágrima en su nombre… Pero ya está, no me arrepiento de
nada más, no me arrepiento de esos millones de te quieros que cada día le
regalé impresos en estos labios que cada noche susurran su nombre una y otra
vez, no me arrepiento de haberle abrazado cuando lo necesitó, no me arrepiento
de hacer que fueran suyas todas mis sonrisas, ni de haberle querido y quererle,
ni de haberle amado y amarle, ni de haberle adorado y adorarle. Escribo en
pasado y en presente, porque hubo una bonita historia en el pasado, pero que
aún hoy en día permanece en mi cabeza y en mi corazón.
Es tal el sentimiento que llevo dentro de mí, que a veces me
rebosa por los ojos, roda por mis mejillas y caen al suelo, una detrás de otra,
a veces acompañadas por un bonito recuerdo.
Puede que yo no sea la mejor persona del mundo, pero supe
perdonar a aquel que me lo pidió, y supe entregarme a él en cuerpo y alma para
después recibir una patada en el culo en innumerables ocasiones.
Pese a todo, deseosa de corazón estoy que allá donde estés,
seas la persona más feliz del mundo y espero que nunca de tus ojos, de esos
ojos que hacen brillar a los míos cada vez que los miro, se escape una lágrima,
una pequeña e insignificante lágrima que diga “era ella y la perdí”.
No sé porque escribo esto, porque quizás a nadie le importe,
pero lo necesito y más en un día de tal debilidad como es para mí el día de
hoy, día en los que necesitas un abrazo poco esperado de la persona menos
esperada en el momento más oportuno, un abrazo de esos en los que sientes que
todo va a salir bien, que la vida continua, un abrazo repleto de esperanzas, un
abrazo de esos en los que un beso en la frente basta para transmitir mil y un
sentimientos, un abrazo de esos en los que sobran palabras.