Dice mi madre que siempre uno debe estar preparado para lo que venga, en el ámbito laboral este dicho se cumple, debo estudiar para obtener un mejor trabajo sea o no mi especialidad. Pero hay algo que me hace mucha gracia y veréis, en mi segundo año de carrera (filología hispánica), pese a que me encanta, he llegado a plantearme si verdaderamente esa carrera me otorgará un trabajo el día de mañana. Desde aquí me gustaría hacer un llamamiendo al Ministerio de Educación a ver si podrían ampliar la lista de carreras, grados superiores o medios, porque aquí donde me ven puede que no sea toda una experta en lengua y literatura española (aunque algún día llegaré a serlo), pero si tengo claro que soy toda una profesional en aguantar a tontos.
Podríamos empezar analizando los tipos de tontos, pero hay infinidad de ramificaciones de este, por tanto he decidido dividirlos en tontos lameculos, tontos con muy mala leche, tontos falsos, tontos profundos... aishh aishh que me canso.
Por desgracia en esta vida no sabemos apreciar a las personas por lo que son sino por lo que dicen que son, no sabemos apreciar los trabajos bien realizados, el esfuerzo, la ilusión, el interés... Solo sabemos criticar y criticar al prójimo, y para criticar es necesario esforzarse y mover piezas en el tablero de la vida, marcar el sendero con nuestras hazañas, etc...
A veces me planteo si cobrar por aguantar a bufones de turno, pero dicen que en esta vida tiene que haber de todo: grandes y pequeños, gordos y canijos, morenos y rubios, listos, medios tontos, casi tontos, tontos, tontísimos, supertontos, profundamente tontos...
En mis sueños he adelantado mi reloj del futuro, y me he visto convertida en toda una "teacher", y mis alumnos tenían nombres y apellidos, diferentes edades, pero todos compartían algo en común, eran bufones de turno. Yo les enseñaba a no criticar a las espaldas, a predicar con sus propios ejemplos, a no intentar hacer daño al prójimo, les enseñaba léxico (mi vena de filóloga tenía que salir por algún lado), yo les enseñaba a respetar turnos de palabra, a no gritar, a ser personas, a no insultar, les enseñaba a formular preguntas coherentes, les enseñaba a trabajar, a dar, a sonreir, a ser humanos, a ser personas, a ser hermanos, pero lo más importante era que los enseñaba a pensar por sí mismos, a no ser simples marionetas. Al despertar de mi magistral sueño me asombré de mi misma, ¿cómo podía haber enseñado tanto a esas personas? la respuesta aún no la se, pero aquel sueño ocupó mi mente durante horas. Tampoco se si aprendieron algo realmente, pero yo lo intenté. Buenas noches.