Vagabundeando por mi casa, me he topado por ese lugar que
tanto me gusta, el rincón de las fotografías. He tomado un álbum, lo he abierto
y me he dispuesto a verlo. En su interior he encontrado miles de recuerdos,
momentos vividos, pero también la he encontrado a ella. Cómo hace escasas
semanas solo tenía que girarme y ahí estaba, en cambio hoy tengo que acudir a
un viejo álbum de fotos para verla, a ella a una de las personas más
importantes de mi vida.
Me miro cada día al espejo varias veces, en cambio he
necesitado esta experiencia para darme
cuenta lo rápido que pasan los años, creí que habían pasado tres días de cuando
me levantabas del suelo en la placita porque me había tropezado, me dabas un
beso en la rodilla y otro en la frente, y sin embargo han pasado 21 años.
En una ocasión me dijiste que te irías al otro mundo sin haber
conocido este.
Se que tu vida fue muy dura y tu trabajo poco recompensado,
pero la vida quiso regalarte a la mejor familia del mundo.
Pasan los días, y no puedo evitar llegar a casa y mirar para
mi habitación, que fue tuya. Pasan los
días y no puedo evitar acurrucarme en tu sillón y tocar la forma que las
corvas de tus cansadas piernas han dejado marcadas en él. No puedo evitar
despertarme en medio de la noche creyendo oír el oxígeno, no puedo evitar
olerte, sentirte… No puedo evitar recordar esa última conversación que ambas mantuvimos.
Mi retina guarda la última imagen que tengo de ti, mis
labios el último beso que te di, pero mi corazón y mis lágrimas guardan 21 años
disfrutándote día tras día, recibiendo tu amor, tu ayuda, tu corazón, tu todo…
Dice tu pequeña que eres la estrella que más brilla en el
cielo, y así es, por eso cada noche salgo a buscar la más grande y bonita que
brille entre todas las que cubren el cielo.
Te quiero.