Soñar cada noche con la misma imagen, sentir cada noche un
mismo sentimiento, despertar y ver que todo fue un sueño. Que la sábana a tu
lado en la cama permanece helada, y tu pedazo de almohada húmedo como el rocío
de las mañanas.
Que benditas son esas lágrimas, que en cada una de ellas va
una imagen grabada, un beso, una caricia, una sonrisa, un te quiero, un bonito
momento… y no pensar en la desgracia de aquel que no las quiso secar.
Que en cada una de tus palabras, de él hablas como si del
propio Dios se tratase.
Que mil recuerdos preñen tu cabeza por cada segundo del día
que pase, recuerdos que van, que vienen, y que permanecen. Que poco a poco, aquellos que teñimos de
mentiras, odios y discrepancias, vayan
desapareciendo, y solo te quedes con un beso, “el beso”, el más largo y hermoso
de todos ellos, el más bonito y sincero, aquel beso que en aquel preciso
momento se hizo dueño de nuestros cuerpos.
“Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa
un cielo,
y por un beso… yo
no sé
qué te diera por
un beso.”
Y ahora, somos dos desconocidos sin rumbo alguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario