De vuelta del gimnasio, tomo aliento sentada sobre mi silla
de estudios. El balcón está abierto o como dirían por aquí “de par en par”. Un
recuerdo ocupa mi cabeza por unos segundos.
Sentada sobre este sillón pasó horas y horas, con sus
36 descalzos sobre el suelo, cómo le gustaba caminar descalza… Arrastraba la
silla hasta el balcón, colocaba dos ruedecillas fuera y otras dos dentro de este y se sentaba. Lo observaba todo entre rejas, ya que sus cansadas piernas la
obligaban a permanecer horas y horas sentada. Yo me reía con ella. Nunca supe apreciar
aquellos gozos de los que ella me hablaba. En una ocasión me habló de una
planta que le gustaba, una planta que se encuentra frente a mi casa, justamente
frente al balcón, mi balcón, su balcón. Yo la veía tan ridícula e
insignificante. En cambio ella, la gran apasionada de las flores, me dijo que
era una planta especial, una planta que cambiaba de color según la luz que le
diera. A ella le encantaba, yo apenas
presté atención, ni me gustan las flores ni mucho menos aquella.
Observaba el movimiento de las hojas de los árboles, horas y horas, cuando
a algún conocido veía pasar gritaba su nombre, “¡que te va a escuchar todo el
barrio!” y ella se moría de la risa…
Ver el mundo a través de unas rejas durante años prisionera de su
fiel compañero, el dolor.
Bajo su silencio, miraba a los pájaros volar por el cielo, quizás ellos eran el motor de su envidia, una envidia sana fruto de unas ansias tremendas de volar y volar por lo más alto, unas alas que la llevaran a disfrutar lo que
nunca disfrutó...
Hoy, desde mi silla, su silla, he mirado esa planta y la he
visto diferente. El movimiento de las hojas de los árboles ha ocupado mi atención durante segundos. Hoy he mirado al cielo como cada día.
Quizás la vida sea una simple obra circular, por donde pasamos una y otra vez y no vemos el verdadero valor de las cosas, de las personas... o ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. A veces, pese a que nos hagan prueba de ello, la venda que cubre nuestros ojos es más poderosa que el propio mundo, venda que lleva por nombre "Ignorancia".
¿Cuántas personas a nuestro alrededor nos llaman a diario para hacernos ver o descubrir algo desconocido por nosotros? Algo desconocido nunca nuevo.
El mundo es un gran teatro de una época pasada, nosotros simples actores contemporáneos que pasamos por él, pero que en su día fuimos medievales, modernos... en un futuro seremos... que se yo que seremos, solo se que llevemos traje de juglar, corsets, pelucas, capa y sombrero, campanas, pitillos o faldas de tul, seguiremos siendo personas. Quizás.
El mundo es un gran teatro de una época pasada, nosotros simples actores contemporáneos que pasamos por él, pero que en su día fuimos medievales, modernos... en un futuro seremos... que se yo que seremos, solo se que llevemos traje de juglar, corsets, pelucas, capa y sombrero, campanas, pitillos o faldas de tul, seguiremos siendo personas. Quizás.
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