jueves, 10 de julio de 2014

A LA EDAD DE LAS “ONAS”



     Hasta los treinta años de vida, esta sociedad en la que vivimos nos incluye en la bolsa de las “eras”: quinceañeras, veinteañeras y treintañeras. Pero ya, una vez pasados los treinta y nueve años de edad, todos los colectivos de este nuestro mundo, suprime el sufijo  “-eras” por otro al que hasta el día de hoy se le han asignado una serie de connotaciones despectivas, nada más ni nada menos que la terminación “-onas”: cuarentonas, cincuentonas, sesentonas…
     Si alguien se decidiera a preguntarme la razón por la cual el sufijo “-onas” es calificado como despectivo, me atrevería a contestarle que si no lo fuese, ¿por qué razón llamamos a una mujer de 55 años “cincuentona” en lugar de “cincuentañera”?.  No solo la sociedad sino también la lengua, ambas unidas por un eslabón fijo, se empeñan en infravalorar a las personas por su edad.
     En innumerables ocasiones he presenciado cómo se llamaba “vieja” a mujeres de cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta, noventa e incluso cien años. Se reiréis al ver algunas de las edades anteriormente citadas, las cuales son tan elevadas que pocas son las personas que llegan a cumplirlas y es cierto, pero por el contrario pienso, ¿debemos atenernos a una simple cifra para determinar el grado de vejez de una mujer?
      Vivimos en una sociedad donde no concedemos algunos trabajos a mujeres por superar los cuarenta, vivimos en una sociedad donde difícilmente un hombre acepta haberse enamorado de una mujer mayor que él, una sociedad donde la edad durante los cuarenta primeros años de nuestra vida, no para de abrirnos puertas, pero de ahí hacía delante esas puertas quedan tapiadas. A la vez, vivimos en una sociedad donde una mujer es joven para criar a todos sus nietos con setenta años, joven para sacar una casa adelante, joven para lavar, tender, hacer la comida, limpiar, etc sin un mínimo de ayuda. Jóvenes para alimentar a dos familias con una paga de viudez, jóvenes para hacer de un sueldo dos todos meses…
     Vayámonos al otro extremo, ¿qué me dicen de esas NIÑAS que se ven obligadas a casarse con hombres mucho mayores que ellas? ¿qué me dicen de esas CRÍAS forzadas a engendrar un hijo cuando apenas alcanzan los trece años de edad? ¿qué me dicen?
      En pleno siglo XXI, seguimos llamando a una mujer de sesenta años "vieja" y, en algunas partes del mundo, siguen viendo natural el hecho de contraer matrimonio con una niña. Seguimos viviendo en una sociedad donde hay trabajos para mujeres y trabajos para hombres, una sociedad donde la lista de "trabajos para mujeres" es muy reducida, trabajos infravalorados y peor pagados ¿POR QUÉ? y si a esto le sumamos la edad...
     Seguimos viviendo en una sociedad donde se sigue infravalorando al sexo femenino. ¿POR QUÉ?
     Son muchas las veces que me he hecho a mí misma esta pregunta y he llegado a una conclusión: En la segunda década del siglo XXI en el que vivimos, en pleno año 2014, el 60% de las mujeres del mundo no saben hablar si no es a través de la voz y las palabras de un hombre. En pleno 2014, seguimos pronunciando frases tales como: "que venga un hombre que cargue esto", ¿qué pasa, nunca escucharon el refrán "más vale maña que fuerza"?
     ¿Les suena el nombre de Virginia Woolf? - Pues bien, para aquellos que no hayan oído hablar de ella, Virginia Woolf fue una gran escritora del siglo XX, a la altura del novelista Franz Kafka, además llevó a cabo numerosas reflexiones sobre la condición de la mujer, donde emitió frases célebres tales como: "Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para escribir novelas."

   



   


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